martes, 11 de octubre de 2016

Hijos adolescentes. Y madres que preguntan mucho.






Alguien ingenuo podría pensar que una madre se siente feliz con el bienestar de sus hijos adolescentes, que disfruta al saber que se divierten, o que le gusta saber el nombre de sus amigos porque así, en la próxima conversación, sabrá de quienes se está hablando. Podría pensar que esa madre está haciendo lo que debe, que el interés no es una amenaza y que está cumpliendo con su papel. Pobre insensato.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Somos equipo. Nos unimos a Malasmadres.



Recuerdo muy bien que cuando nacieron mis hijos a mí no me preocupaba nada la conciliación. Vivía inmersa en mi mundo, llegaron ellos y lo ocuparon todo. Podía cuidarlos, limpiarlos, llevarlos al colegio y dedicarles tiempo. Yo elegí hacerlo así. En aquel momento yo no tenía una carrera profesional que desarrollar y tampoco tuve que elegir entre criarlos o trabajar para mantenerlos. El trabajo que hacía no me ocupaba mucho tiempo. No sé si lo repetiría del mismo modo, pero que más da, la vida es un juego de un solo partido. Se pueden hacer jugadas nuevas, pero el histórico nunca cambia

miércoles, 28 de septiembre de 2016

De habitación adolescente a cuarto de costura. Maldades de una madre pájara descastada.





De pequeña, cada vez que olía en el aire que se acercaba un zafarrancho de orden o limpieza me entraba un sudor frío y un miedo que aún me remueve por dentro al recordarlo. Mi madre era muy madre, y muy de decir frases de madre:

- Como vaya yo y lo encuentre...

- Ni ya voy ni ya vengo, ¡ahora mismo!

- ¡No me contestes!